Cuentan los Mamus y abuelos que en principio todo era oscuridad. La frase exacta que pronuncian es ZEIN ZARE ZANO que tendría una traducción más relacionada con un tiempo muy lejano en el cual todos los seres vivían en la oscuridad, esperando luz.

En ese tiempo todos los seres del universo compartían, bailaban, jugaban y se reunían. Sin ninguna diferencia de aspecto ni clase, porque todos estábamos en anugwe, un estado de vida en el cual no existen los cuerpos. Así dicen los Mamos, la iguana era una sabia que daba muchos consejos y le gustaba mucho las fiestas, el pájaro yuru (oropéndola) siempre organizaba los encuentros comunitarios y en estos les enseñaba a las mujeres Arhuacas el tejido de la mochila y la misión de guardar en él la memoria.

En ese tiempo inmemorial, existía un sabio muy viejo, le encantaba regañar y todo el tiempo estaba reflexionando, su nombre era Arwawiku. Él empezó a recibir mensajes de otros mundos, que al interpretarlos le decían que se aproximaba la luz.

Entonces, Arwawiku emprendió un viaje muy largo, llevaba en sus mochilas muchos alimentos los cuales iba consumiendo en su camino en espiral o urumu, (en la actualidad un dibujo en la mochila Arhuaca refleja este principio). La comunidad por su parte en medio de la oscuridad se preparaba para un nuevo mundo y todos construían sus casas. Para cuando llegó la luz todos los seres que no construyeron sus casas, se quedaron viviendo en la oscuridad y sólo salen en las noches, todos los seres recibimos un cuerpo, pero seguimos viviendo también en anugwe

Arwawiku se quedó viviendo en los cielos y desde allí nos protege a todos los seres así como lo hacía en la oscuridad cuando vivió junto a todos.

Es por eso que para nosotros los Arhuacos todos los animales, plantas, la tierra, el aire, el agua, todos somos iguales, porque desde el principio somos Anugwe.